El paciente con demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, no acostumbra cuando la enfermedad ya está establecida,a ser consciente de sus dificultades. Los, fallos ,errores u olvidos , a veces tremendos, pasan desapercibidos o son justificados con despreocupación o enfado. En algún momento, el paciente puede darse cuenta de que su memoria es deficitaria y entristecerse, llorar incluso.Por suerte, en el mismo problema está el alivio, ya que es fácil que se distraiga y olvide que olvida.Un entorno solícito puede ser clave para superar momentos así.Hay que destacar, no obstante, que, junto con otros trastornos de conducta, se observa depresión y/o ansiedad en un 50 % aproximadamente de casos de enfermedad de Alzheimer, en algún momento de la evolución (generalmente al principio) y que estas depresiones son tributarias de tratamiento farmacológico, al que suelen responder favorablemente. No son frecuentes, en cambio, los episodios de la llamada depresión mayor, con intentos de suicidio asociados.Es difícil, en ocasiones, interpretar el estado de ánimo del paciente por parte de una familia, a su vez angustiada y tensa. Los neurólogos, y todos aquellos profesionales habituados a tratar a estos pacientes, somos conscientes de que es la familia la que soporta el mayor sufrimiento moral. Intentar que esta familia reciba apoyo de toda clase redunda, a su vez, en beneficio del paciente, cuya placidez depende, a menudo, del ánimo de sus allegados.